domingo, 9 de enero de 2022

NOTICIAS DE CINE 2022 I

Pues no, no empezamos bien el año. Parece que los astros se han confabulado para que hoy nos dejen dos leyendas del 7º arte: Sidney Poitier y Peter Bogdanovich. 
 
El primero nos deja a la edad de 94 años. Primer actor aforamericano en ganar un Oscar al mejor actor principal por "Los lirios del valle" (Ralph Nelson, 1963) y protagonista inolvidable de títulos míticos como "Fugitivos" (Stanley Kramer, 1958), "En el calor de la noche" (Norman Jewison, 1967), "Rebelión en las aulas" (James Clavell, 1967) o "Adivina quien viene a cenar esta noche" (Stanley Kramer, 1967), ésta última dándo réplica nada y nada menos que a Katherine Hepburn y Spencer Tracy.
 

 
El segundo, director iconoclasta y crítico de cine, que nos deja a los 82 años, y que junto a gigantes como William Friedkin, Brian De Palma, George Lucas, Martin Scorsese, Michael Cimino o Francis Ford Coppola formó pate del llamado Nuevo Hollywood, firmante además de títulos imprescindibles como "La última película" (1971), "¿Qué me pasa doctor?" (1972) o "Luna de papel" (1973).
 
 Descansen en paz

jueves, 30 de diciembre de 2021

MIS MEJORES DEL 2021

En mi entrada a los mejores del 2020 (que podéis rescatar aquí) ya comentaba la incidencia de la pandemia en el mundo del cine. Aunque el 2021 ha sido bastante mejor en muchos aspectos, la perniciosa influencia del COVID 19 se ha dejado notar también este año. Muchos de los films que tenían previsto su estreno en el 2020 han visto retrasada su salida hasta casi finales de este año. Es el caso de películas tan esperadas como el último Bond o la nueva vesión de "Dune" dirigida por Denis Villeneuve.

Lo cierto es que la espera se ha hecho larga y eso ha alimentado unas expectativas que, al menos en mi caso, no se han visto cumpidas. Y no digo que sean malos films, en absoluto, pero sí que tanto tiempo esperando por verlos en pantalla grande ha hecho que el nivel de exigencia sea tan elevado que era inevitable sufrir alguna pequeña decepción al darme cuenta que lo que estaba viendo en la pantalla del cine no era tan GRANDE como lo que mi imaginación habían concebido.

Por otro lado, el exito continuado de las plataformas de streaming no ha hecho más que contribuir a generar polémicas, por otro lado previsibles, ante el estreno simultáneo (sala cinematográfica + plataforma televisiva) de films como "Raya, el último dragón" o "Viuda Negra". Además el retraso de algunos estrenos ha obligado a reajustar el calendario de estrenos por parte de las distribuidoras, con lo cual películas que merecían ser descubiertas en una pantalla grande (como el caso del "The Green Knight" de David Lowery) se han visto injustamente relegadas a un estreno en plataforma televisiva.

En cualquier caso, sea en cine o en televisión, ha habido estrenos interesantes, sorprendentes e incluso diría que magistrales. Así que aquí os dejo la lista de los que yo destacaría como los mejores de este 2021 que ya acaba.

- "Anette" de Leos Karax, por recuperar a los míticos Sparks y ofrecerles la oportunidad de hacer una banda sonora, por transgredir formas, estilos y géneros, todo ello con un encomiable preciosismo formal, y por ser un cine multireferencial con el personalísimo sello autoral de su director;

- "Titane" de Julia Ducournau, por la potencia de su propuesta, tanto formal como argumental, y por llevar el discurso de Cronenberg sobre la nueva carne a nueva cotas que invitan a la reflexión sobre la identidad de género;

- "The Green Knight" de David Lowery, por el delicado preciosismo y la elegancia manierista de su puesta en escena, donde cada encuadre y cada movimiento de cámara está perfectamente estudiado y condebido para epatar al espectador, y por recuperar el misticismo de los mitos artúricos;

- "Otra ronda" de Tomas Vinterberg, por su elenco actoral, por su discurso humanista que mezcla ternura e ironia, y por esa escena final con Mads Mikkelsen bailando;

- "La crónica Francesa" de Wes Anderson, porque es como un precioso relog de cuco que funciona con precisión suiza, y por el matemático esteticismo de su puesta en escena;

- "Una joven prometedora" de Emerald Fennel, porque es un psycho killer con un discurso feminista tan divertido como incisivo, que defiende el empoderamiento femenino con humor y sana ironía;

- "Nomadland" de Chloé Zhao, por su sensibilidad, tanto estética como narrativa, porque llega al corazón, y porque su discurso es capaz de dignificar la condición humana;

- "Malcom & Marie" de Sam Levinson, por su capacidad de rehuir el discurso teatral con una encomiable economía de medios: 2 actores y un decorado único, y por la contundencia e intencionalidad de sus diálogos, magistralmente defendidos por sus dos protagonistas;

- "El poder del perro" de Jane Champion, por la fuerza de su discurso sobre la masculinidad tóxica, por el trabajo conjunto de su elenco interpretativo (Benedict Cumberbatch, Kirsten Dunst, Jesse Plemons y Kodi Smit-McPhee, todos ellos en estado de gracia) y por austeridad de su puesta en escena, que hace un hábil uso de la abstracción, donde lo que se sugiere es más potente que lo que se muestra, y extrae el máximo partido al formato panorámico;

- "Being the Ricardos" de Aaron Sorkin, por su brillantísimo guión (nada sorprendente en Sorkin) que funciona a diferentes niveles: como retrato de un matrimonio en crisis (brillantes Nicole Kidman y Javier Bardem), como retrato de una industria (las productoras de sitcom televisivas) y como retrato de una época (la américa de los años 50), todo ello adornado con unos diálogos incisivos que son para enmarcar;

- "Lamb" de Valdimar Johannsson, por la manera en como se sirve del horror folk para ofrecernos un lúcido discurso sobre la maternidad en los helados paisajes islandeses;

- "Spencer" de Pablo Larrain, por ser un biopic atípico, narrado como si se tratase de un cuento de terror de ecos kubrickianos que sirve de metáfora a la lucha de clases (realeza vs plebeyos), y por una Kristen Stewart conmovedora en su fragilidad,

Y como bonus:

- "Benedetta" de Paul Werhoeven, por su atrevimiento, por su crudeza, por su irreverencia, por su descaro a la hora de mezclar sexo, religión y política, por su descarnada crítica al uso de la religión como elemento de manipulación, por su incisivo uso del humor (negro e irreverente), y por hacerlo todo con una indiscutible elegancia formal.

Y como segundo bonus:

- "West Side Story" de Steven Spielberg, porque si uno deja de lado cualquier tipo de tonto prejuicio, se encontrará un un musical mayúsculo, que auna clasicismo y modernidad, y que demuestra que Spielberg sigue siendo (pese a quién le pese) uno de los directores más talentosos de nuestro tiempo.


¿Y qué puedo decir de lo que para mí han sido los protagonistas cinematográficos más destacados del año?

¿El actor del año? Mencionaré dos: Timothée Chalamet, l'enfant terrible del cine actual, además de todo un icono de la moda, es el actor con el que todo el mundo quiere trabajar. Plenamente consolidado tras su sentido papel en "Call me by your name", este año está presente en tres films que se perfilan como firmes candidatos al Oscar a la mejor película: "La crónica francesa" de Wes Anderson, "Don't look up" de Adam McKay y, como no, el "Dune" de Denis Villeneuve.

Y Andrew Garfield, que solo por su entregadísima performance en "Tick, Tick... Boom!" ya merece figurar como favorito en todas las entregas de premios de este año.


 ¿La actriz del año? Kristen Stewart, sin duda. Alejada ya de su papel de Bella Swan en la saga "Crepúsculo", la actriz californiana ha sabido reconducir su carrera con inteligencia y buén gusto a las órdenes de directores como Olivier Assayas, Walter Salles, Woody Allen o Pablo Larrain, regalándonos con este último una interpretación en "Spencer" que la situa como favorita en la carrera de próximos los Oscars 2021.


¿El director del año? No un director, sino una directora: Chloé Zhao. Si ser la segunda mujer en ganar el Oscar a la mejor dirección por "Nomadland" no fuese suficiente para considerarla, el haberse puesto tras las cámaras para dirigir un blockbuster de la talla de "Eternals" para Marvel Studios sin peder su sello personal sería suficiente para tenerla muy en cuenta.


¿El compositor del año? Jonny Greenwood, habitual colaborador de Paul Thomas Anderson y miembro del grupo de rock "Radiohead", no deja de sorprender. Si en el 2017 nos regaló un trabajo tan clásico y elegante a la par que innovador como "El hilo invisible", este año vuelve a hacer lo propio con tres partituras tan sugerentes y contrastadas como son "The power of the Dog", donde rehuye los lugares comunes de la música folk y apuesta por la atonalidad, "Spencer", donde seduce con melodías jazzisticas en la mejor tradición vanguardista de Miles Davis, Thelonious Monk o John Coltrane, y "Licorize Pizza", donde nos muestra su lado más melódico evocando vagamente la música barroca.

¿La canción?  Cualquiera de las de "Belle" ("Ryû to sobakasu no hime"), el último film de Mamoru Hosoda, en la preciosa voz de Kaho Nakamura. Podría destacar "A Million Miles Away", pero también podría ser "Lend me your voice" o "Gales of Song" o "Millenium Parade", así que, ¿qué mejor que un mix de las cuatro?.

Y para no quedarme corto: ¿cómo no reconocer la brillantez y originalidad del "So may we start" compuesto e interpretado por "The Sparks", y que abre de manera absolutamente contundete la "Anette" de Leos Karax


Y como ya vengo haciendo de un tiempo a esta parte, también quiero comentar algunas de las series, de entre las que he visto este 2021, que me gustaría destacar como las más interesantes de este año, puntualizando, eso sí, que aún no he visto la muy aclamada "The Underground Railroad" de Barry Jenkins:

- "El juego del calamar", sin duda una de las series del año. Más allá de la estúpida polémica en torno a la visión que ofrece de los juegos infantiles yo destacaría dos aspectos de la misma: su cuidadísima puesta en escena y su crítica visión de la condición humana;

- "Small Axe", producida y dirigida por Steve McQueen y concebida como una antología de 5 películas inspiradas en hechos reales, retrata con crudeza pero absoluta honestidad el racismo institucional sufrido por la comunidad negra del Londres de los años 60 y 70, y lo hace con una apabullante elegancia formal. Imprescindible;

- "Halston" merece la pena destacarla aunque solo sea por poner de relieve en el magistral trabajo actoral de Ewan McGregor en esta serie. Si a ello le sumamos un sólido guión que hace un estupendo retrato de un personaje y una época, miel sobre hojuelas;

- "Fundación", por que adaptar a Asimov no es fácil y más con una obra de la relevancia e influencia de ésta, que además viene acompañada con una considerable carga filosófica que conjuga humanismo, política y sociologia, todo ello adornado con una factura técnica no tiene nada que envidiar a muchas películas estrenadas en pantalla grande;

- "Mare of Easttown", por que combina hábilmente retrato costumbrista, melodrama familiar y thriller detestivesco, y lo hace sin estridencias, de manera sosesaga, confiando en una excepcional Kate Winslet como hilo conductor del relato;

- "It's a Sin", por que es una serie necesaria que nos invita a reflexionar y, sobre todo, a no olvidar el impacto social de una plaga que aún no hemos conseguido erradicar, y porque su revisión de los brillos de una época (con una estupenda selección de hits en su banda sonora) no está exenta ni de sombras ni de emoción;

- "Wandavision", por que no deja de ser irónico que el producto más innovador y original de Marvel Studios no sea un film estrenado en salas comerciales, sino una serie de televisión que hace un muy inteligente uso del metalenguaje, a medio camino entre la parodia y el homenage, todo ello sin perder su capacidad para sorprender y emocionar;

- "Arcane. League of Legends", porque no abundan muchos los productos de animación dirigidos a un público adulto. Esta adaptación del videojuego "League of Legends" no solo sorprende por su impecabla factura, su impactante animación y su compleja imaginería, sino que además tiene un sólido guión, que no rehuye la crítica socio-política, y un estupendo retrato de personajes.


I entre los personajes que nos han dejado este 2021 y los que quiero dedicar un último pensamiento en esta entrada es obligado nombrar a Dean Stockwell (uno de los actores fetiche de David Lynch), Ed Asner (inolvidable Lou Grant), Ned Beatty (a quién recordamos por "Deliverance" o "Superman. The Movie"), Helen McCrory (añorada tía Polly en "Peaky Blinders"), George Segal ("¿Quién teme a Virginia Woolf?"), Hal Holbrok (eterno secundario al que muchos recordarán por haber interpretado a Abraham Lincoln en la serie "Norte y Sur"), Olimpia Dukakis (ganadora del Oscar a la mejor secundaria por "Luz de luna"), Mikis Theodorakis (compositor del inolvidable sirtaki de "Zorba, el griego"), el realizador Michael Apted (director de "Gorilas en la niebla" y algunas entregas de la saga Bond), la directora Lina Vertmüler (primera directora en ser nominada al Oscar por "Pascualino Siete Bellezas") pero muy especialmente a:

- Christopher Plummer, al que principalmente se le recuerda por su papel del capitán Von Trapp en "Sonrisas y lágrimas" (1965), pero que también aportó su elegancia y buen hacer interpretativo en películas como "La caída del imperio romano" (1964), "El hombre que pudo reinar" (1975), "Asesinato por decreto" (1979), "Ojos de fuego" (1991), "La última estación" (2009), "Principiantes" (2010), "Millenium. Los hombres que no amaban a las mujeres" (2011), "Todo el dinero del mundo" (2017) o "Puñales por la espalda" (2019);

- Stephen Sondheim, autor, letrista y compositor de músicales, toda una institución en Broadway, innovador y revolucionario en muchos aspectos, cuyo legado incluye títulos como "Company", "Little Night Music", "Sweenny Todd", "Into the Woods" o las letras para "West Side Story", con música de Leonard Bernstein", uno de los musicales más famosos y aclamados de todos los tiempos;


- Jean-Marc Vallèe, director canadiense que nos abandonó prematuramente a la edad de 58 años y que nos deslumbró y emocionó con títulos como "C.R.A.Z.Y." (2005), "Dallas Buyers Club" (2013), "Demolition" (2015) y las series televisivas "Big Little Lies" (2017) y "Sharp Objects" (2018, "Heridas abiertas" en su traducción al castellano);

- Y nuestra entrañable Verónica Forqué, estrella en títulos como "¿Qué hecho yo para merecer ésto?" (1984), "Matador" (1986) o "Kika" (1993) (a las órdenes de Pedro Almodovar), o "Sé infiel y no mires con quién" (1985) y "El año de las luces" (1986) (bajo la batuta de Fernando Trueba).



lunes, 20 de septiembre de 2021

ANALIZANDO DUNE (2ª parte)

(Continúa de ANALIZANDO DUNE (1ª parte))

En mi entrada anterior del blog empezaba situánndome en contexto antes de hablar del "Dune" (2021) de Denis Villenueve, y lo hacía principalmente haciendo una introducción al libro de Frank Hebert y comentando la anterior adaptación de 1984 dirigida por David Lynch.

Vamos a entrar, pues, en materia para analizar esta nueva adaptación por parte del director canadiense, y me va a resultar imposible no establecer comparaciones con el film de 1984 para hablar de lo que funciona y lo que no (a mi jucio, por supuesto) en esta nueva adaptación.

 

El "Dune" de Villeneuve ha tardado casi un año en llegar a nuestras pantallas, pues inicialmente estaba previsto que se entrenase a finales del 2020. La restricciones debidas al COVID-10, entonces y ahora, han dado lugar a constantes retrasos a la espera de que la situación con el virus estuviese más controlada en aras de pemitir una mayor asistencia de público a salas exhibidoras y traducirse de esta forma en un mayor rendimiento económico de un film que, debido a la considerable inversión realizada, demanda un éxito contundente en taquilla. Y más cuando lo que hemos visto en los cines es tan solo la primera parte de lo que será un díptico cinematográfico, y cuya segunda entrega necesita que este primer film funcione bien para poder materializarse.

Partamos, de entrada, por aclarar que este "Dune" es únicamente la 1ª parte de un film dividido en dos. En su intento por matenerse lo más fiel posible al libro y tratar de abarcar la mayor parte de su contenido, Denis Villeneuve aceptó hacerse cargo del proyecto con la condición de poder dividir la filmación en 2 partes, que inicialmente debían rodarse simultáneamente, y que por motivos no del todo claros ha terminado como dos producciones independientes. la primera de las cuales se estrena ahora con una duración de 2 horas 35 minutos.

Este aspecto juega claramente en contra de uno de los films más esperados del año, porque cuando uno termina su visionado y advierte que la historia queda abierta, la sensación de frustración en el espectador es mayúscula, agrabada aún más por la constatación de que esa 2ª entrega aún no ha empezado a rodarse y que posiblmente no la veamos en pantalla hasta el 2023... eso si la filmación no se encuentra con algún impedimento y acaba por cancelarse.

Así pues la sensación que queda (o al menos ese ha sido mi caso) es la de haber asistido únicamente al prólogo de una historia mayor, porque esta primera parte no acaba de funcionar del todo como una trama autocontenida, y habrá que esperar a ver acabada la 2ª entrega de la saga para poder valorar en conjunto este mastodóntico proyecto de Denis Villeneuve de una forma más completa y más justa. Dicho esto, ¿es el "Dune" de Denis Villeneuve un mal film? En absoluto. ¿Carece de atractivos? Ni mucho menos, y luego desglosaré unos cuantos. ¿Es una buena adaptación del libro de Frank Herbert? Aquí es dónde yo voy a poner sal en la herida.

Pero vayamos por partes.

Hay un aspecto que es incuestionable en este último film de Villeneuve: está rodado con un gusto exquisito y su puesta en escena solo puede describirse como majestuosa. Villeneuve encuadra de una manera precisa, mueve la cámara con elegancia y extrae el máximo partido al formato panorámico. Aunque la película tiene algunas escenas de lucha francamente bien coreografidas y algunas batallas espaciales narradas con eficacia, no es ahí dónde el film demuestra su espectacularidad, sino en escenas aparentemente más inócuas como la llegada de las naves a Arrakis y el despliegue de la tropas de los Atreides, o la diversas panorámicas de los desiertos que pueblan la superficie de Dune. 

 

Hay también momentos francamente brillantes donde Villeuve conjuga de manera magistral es espacio escénico y el trabajo actoral, como la escena de la prueba del gom jabbar o las secuencias en que se presenta la Barón Harkonnen, escenas todas ellas que el director sabe recubrir de una atmósfera misteriosa que presagia una amenaza ulterior.


Para lograr ese tono majestuoso, casi solemne, que impregna casi todo el metraje de "Dune", Villeneuve ha sabido rodarse de colaboradores de primer orden como Greig Fraser en la cinematografía, que sabe jugar muy bien con los tonos ocres, terrosos y apagados de todas las secuencias de Arrakis, los más fríos de Caladan, o los tonos acerados, casi monocromáticos, de Giedi Prime y el resto de escenas que involucran a la casa Harkonnen; o Bob Morgan y Jaqueline West en las tareas de diseño de vestuario (particularmente sugerentes son las inquietantes vestimentas neo-goticas de la hermandad Bene Geserit, o las vestimentas de reminiscencias árabes que luce la Dama Jessica en alguna secuencia del film y que recuerda a un traje de odalisca); o, muy especialmente, Patrice Vemette encargado del diseño de producción del film.

Quiero ver en su diseño de producción, particularmente en lo que respecta al diseño de interiores, la influencia del racionalismo arquitectónico o la arquitectura orgánica de Frank Lloyd Wright. Frente al barroquismo retrofuturista que veíamos en muchos interiores de la versión de David Lynch, Vermette opta por la simplicidad y las líneas geométricas, sin apenas detalles decorativos. Algo lógico si tenemos en cuenta que el mensaje ecologista de la obra de Frank Herbert casa muy bien con esa tendencia arquitectónica que busca integrar de manera orgánica la vivienda en el paisaje que le rodea, aprovechando la máximo tanto el espacio como la luz natural. De hecho Vermette opta en muchas ocasiones por reducir el decorado a su mínina expresión, en un ejercicio de minimalismo extremo, como muchas de las secuencias que transcurren en Caladan, planeta natal de la casa Atreides, en las que se juega simplemente con la luz y el espacio vacío dejando el decorado en completa oscuridad.

 

Por contra, y de nuevo apelando al mensaje ecologista del libro, se opta por dar mayor protagonismo a los paisajes naturales, como en Caladan (véase por ejemplo la escena en la que el Duque Leto y su hijo conversan en lo que parece ser un cementerio y rodada en Stad, Noruega) y sobretodo en Arrakis, donde Villeneuve saca el máximo partido a los bellísimos paisajes deserticos del Wadi Rum jordano (localización mítica donde se rodó el "Laurence de Arabia" de David Lean) o el Rub 'al Khali de los Emiratos Árabes.

 

Sin abandonar los aspectos digamos "artísticos" del film, más cuestionable me parece el empleo de la música por parte de Hans Zimmer. Zimmer opta aquí por la atonalidad y los golpes de efectos, con una música atronadora y que en ocasiones se suerpone al diálogo e incluso llega a resultar molesta. No puede achacarse sino falta de original al compositor aleman desde el momento en que utiliza de manera demasiado obvia la música de inspiración árabe, por aquello de que la película está ambientada mayormente en paisajes deserticos. Zimmer construye una música que es efectiva y efectista a partes iguales, en la que renuncia a la construcción melódica (ya sabemos que Zimmer es poco amigo de componer leiv-motivs fácilmente identificables) en favor de la atmósfera y la búsqueda de sensaciones auditivas.


(Nota: la música aquí insertada está sujeta al copyright de su autor)

Y por último no puedo dejar de comentar el aspecto interpretativo del film, con un elenco francamente solvente y que cumple con creces: el guatemalteco Oscar Isaac ejemplifica a la perfección los nobles ideales del duque Leto; Jason Momoa derrocha carisma como Ducan Idaho; Dave Bautista aporta su impresionante presencia física para dar vida a la "bestia" Rabban; Charlotte Rampling solo necesita su voz y su gesto para imponer como la Madre Gaius Helen Mohian; nuestro Javier Barden hace lo propio con su mirada y su actitud; Estellan Skarsgârd es capaz de construir un personaje inquietante como el Barón Harkonnen haciendo uso de una encomiable economía de medios; Josh Brolin resulta convincente e implicado en la piel de Gurney Halleck. Teniendo en cuenta que los fremen tendrán un mayor protagonismo en la 2ª parte del díptico era previsible que los personajes de Stilgar y Chani, interpretados por Javier Bardem y Zendaya rspectivamente, tuviesen poco recorrido en este film, quedado limitados a una mera presentación y poco lucimiento para sus actores (aunque, insisto, a Bardem le basta con atravesar una puerta, quitarse la capucha y escupir sobre una mesa, para captar toda nuestra atención).


 

Dejo para el final expresamente los que sin duda son los personajes más interesantes del film. Por un lado Paul Atreides, al que da vida es ascendente Timothée Chalamet, un personaje mucho más complejo y  matizado en esta versión que en la precendente de David Lynch. También es cierto que en aquella ocasión era un actor debutante, un por entonces escasamente carismático Kile Maclachlan, el que lo interpretaba con escasa convicción, mientras que aquí un mucho más talentoso Chalamet pone toda la carne en el asador consciente de la importancia de su personaje en la trama. Por otro lado tenemos a una Rebecca Ferguson en la piel de la Dama Jessica, en un rol mucho más agradecido (de nuevo) que en la versión de David Lynch. En el film de 1984 Francesca Annis aportaba belleza y elegancia, pero poco más. Por contra, en esta ocasión Rebecca Ferguson realiza un trabajo francamente intenso, rico en matices, en una interpretación que pone de manifiesto el conclicto existente entre las diversas sensibilidades y lealtades del personaje: su condición de Bene Geserit, de concubina del duque Leto, de guerrera y, sobretodo, de madre. Es de esperar que este personaje siga creciendo en la próxima entrega del diptico.


 

Y hasta aquí hemos desgranado los diferentes aspectos de este "Dune" de Denis Villeneuve en cuanto a espectáculo cinematográfico, con más alabanzas que críticas. Pero ahora pasaré a analizarlo en cuanto adaptación del libro de Frank Herbert, y aquí ya adelanto que no voy a ser tan benévolo.

Comentaba en mi anterior entrada del blog que abarcar la riqueza y complejidad del universo descrito por Herbert en us libro era una tarea poco menos que imposible. De hecho Lynch fracasa en su cometido pese a su loable intento de introducir la mayor cantidad posible de elmentos presentes en el libro, pero Denis Villeneuve no sale mucho más airoso de la tarea. En conjunto la versión del canadiense se me antoja mucho más acertada que la de Lynch, porque Villeuve, con acierto, opta por desmarcarse estilisticamente y narrativamente del libro y construir un espectáculo netamente cinematográfico, aún a costa de sacrificar mucha información.

Lynch, por el contrario, utiliza recursos que son claramente literarios y perjudican el ritmo de su película por mucho que aporten más información. Ya comentaba que el recurso constante de la voz en off, de la que inteligentemente prescinde Villeneuve, resultaba excesivamente forzado, y que además enel film de Lynch los diversos insertos que intentan acercar el universo de Herbert al espectador acaban siendo en exceso sobreexplicativos, como ese prólogo en clave pseudo-documental que pretende ser didáctico y acaba por ser tedioso. Se agradece el esfuerzo divulgador por parte de su director, pero hay que reconocer que David Lynch no acierta en la formas.

Villeneuve en cambio se vale de recusos estilisicos y narrativos puramente cinematográficos: no hay explicaciones redundantes, no hay voz en off, no hay escenas pseudo-documentales... Todo se narra a través de las imágenes, con una planificación y un montaje modélicos, y una acertada dirección de actores. En este aspecto el film de Villeneuve, obviando las siempre odiosas comparaciones entre los recursos técnicos empleados, supera con creces la versión de Lynch.

Sin embargo, en su esfuerzo por ofrecer un espectáculo cinematográfico de primer orden, Villeneuve deja por el camino muchos elementos del libro que sí estaban presentes en la película de David Lynch: la función de los Mentat, la historia política del imperio, las diversas utilidades de la Especia, el intrincado funcionamiento de la Cofradía Espacial, el entrenamiento Prana-Bindu, el significado del Condicionamiento Imperial... La mayoría de estos elementos, si no han sido ya expuestos en esta primera entrega, que ejerce de presentación de los personajes y del entrono que conformarán el díptico de "Dune", dificilmente serán explicados en una eventual secuela.

Llama también la atención que Villeneuve, aún contando con la posibilidad de contar su historia en los films de larga duración (este primero ya supera las 2 horas y media) haya optado por prescindir de personajes importantes de libros o reducirlos a su mínima expresión; personajes que sin embargo Lynch sí había logrado introducir en su más comprimida versión. Así pués el locuaz e impertinente Piter de Vries al que daba vida un muy expresivo Brad Dourif en la película de David Lynch, aquí acaba teniendo una presencia meramente testimonial por parte de un desaprovechado David Dastmalchian. Más sangrante aún es el caso de Feyd Rautha, personaje clave en al trama y recordado en la versión de 1984 por haber sido interpretado por el cantante Sting, y desaparecido por completo en la versión de Villeneuve.

Y digo que éste es una ausencia particularmente sangrate porque Feyd Rautha es el enemigo natural del protagonista Paul Atreides. Ambos son adolescentes, ambos son los herederos naturales de sus casas, los Harkonnen y los Atreides, y ambos representan las 2 caras opuestas de una misma moneda: la nobleza de Paul frente a la vileza de Feyd, el meditado autocontrol del primero frente a la pasión desmedida del segundo. Mientras que Paul deberá luchar en su camino por transformarse en un mesías y ganarse el favor, el amor y la confianza de los suyos, Feyd impone su condición aristócrata heredada sin haber hecho méritos por ganarse su posición.

 

Es previsible que Feyd Rautha aparezca en la 2ª entrega (si llega a filmarse), pero de momento ni siquera se ha designado un posible candidato a interpretarlo. Personalmete creo que es un error que Villeneuve no lo haya presentado en esta primera parte (en el libro Feyd Rautha ya es presentado en el 2º capítulo), pues de haberlo hecho ya se hubiese establecido la némesis natural de Paul desde el inicio, y se hubiesen creado mayores espectativas de cara a su futuro enfrentamiento en el film que vendrá.

Otro de los aspectos en los que Villeuve se distancia de Lynch es en la descripción de la casa de los Harkonnen. Lynch los identificó de una manera clara como el enemigo, el antagonista, el villano del film, y lo hizo de una manera gráfica y francamente explícita: por un lado nos presenta al barón Vladimir, jefe de la casa de los Harkonnen como un individuo repulsivo, con la piel repleta de pústulas supurantes y que exhibe un comportamiento depravado y libidinoso, inequívocamente homosexual. Sus sobrinos no salen mejor parados, con un tosco y grosero Gossu Rabban y un Feyd Rautha de gesto autosuficiente y mirada enloquecida. Lynch se toma ciertas libertades amparándose en la descripción más vaga que hace Herbert en su libro, pero su retrato de los Harkonnen, pese a ser excesivo y grotesto, funciona perfectamente en el contexto del film, y de hecho es en algunas de las escenas más sordidas que protagonizan, donde Lynch ha gozado de mayor libertad creativa a la hora de realizar un trabajo más personal.

Villeneuve ha preferido no cargar las tintas en exceso y ofrecer una versión más sutil de los Harkonnen, más inquietante que sórdida, más amenazadora que depravada. Aún frente a la ausencia (repito, inexcusable) de Feyd Rautha, Gossu Rabban es el exponente más físico del clan, si bién Villeneuve se muestra excesivamente cauto en mostrar su lado violento, que casi siempre ocurre fuera de plano. Por contra, la presentación del barón Vladimir es modelíca: primero como una figura difusa rodeada de niebla, después como una inquietante y colosal mole que flota en la oscuridad. La representación de la amenaza que representan los Harkonnen también es más sutil en el film de Villeneuve, pues mientras que Lynch exponía dicha amenaza de una manera clara (las maquinaciones del emperador Sadham IV no se sienten como tales en su versión), Villeneuve prefiere jugar con la ambigüedad, poniendo de relieve el poco claro y confiable papel de la Bene Geserit en todo este entramado como posible aliado de los Harkonnen. Así pues la amenaza que la versión de 1984 estaba concentrada en un único clan, aquí se diluyen entre los Harkonnen, la Bene Geseerit y un emperador no presente pero que se siente maquiavélico en la distancia.

¿Es mejor el retrato que ofrece Villeneuve que el que hizó Lynch en su día? Personalmente el de este último me parece más arriesgado y divertido.

Y ya para acabar, en mi anterior entrada hablaba de las múltiples lecturas que ofrece el libro de Frank Herbert (en clave socio-política, religiosa, humanista, ecológica...) y como David Lynch, ante la imposibilidad de exponerlas todas en su película, opta simplemente por trasladar la trama concerciente a la caída de la casa Atreides y el ascenso de Paul como mesías de Dune. Denis Villeneuve ha emprendido también una camino similar: despoja su film de cualquier intención alegórica para centrarse en la evolución y crecimiento del personaje de Paul Atreides, al menos en lo visto hasta la fecha; habrá que esperar a la 2º para ver si renueva sus ambiciones. En este sentido hay que reconocer que el film funciona a la perfección, pero también hay que lamentar que haya dejado por el camino muchas de sus atractivas posibilidades.

En resumidas cuentas: ¿Lo mejor? La majestuosidad de la puesta en escena de Denis Villeneuve. ¿Lo peor? La imposibilidad de abarcar en su totalidad el rico univeso literario de Frank Herbert, y la condición de "film-prologo" de esta primera entrega, que acaba con un coitus interuptus.